SUSANNA KAYSEN, DE INOCENCIA INTERRUMPIDA, ¿REALMENTE MUESTRA RASGOS DEL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD?

«¿Límite entre qué y qué?» Esa es la pregunta que Susanna le hace al médico en la primera consulta y que se repite en su cabeza durante los dieciocho meses de internación. El psiquiatra acaba de soltar el diagnóstico. Ella no lo capta. Nadie se molesta en aclararlo. La palabra parece un sello vacío, de esos que ponen los grandes cuando ya no saben qué hacer con uno. Toda la película gira en torno a ella tratando de averiguar si eso es real o si solo es una chica perdida en su confusión. Y el que mira, sobre todo si ha recibido ese diagnóstico en carne propia, siente ese malestar de no poder dar una respuesta clara.

Atención: este texto tiene spoilers de la película Inocencia interrumpida.

¿Quién es Susanna Kaysen?

SUSANNA KAYSEN, DE INOCENCIA INTERRUMPIDA, ¿REALMENTE MUESTRA RASGOS DEL TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD?
Susanna Kaysen

Susanna vive con sus padres en Massachusetts. Es lista, escribe de maravilla, debería estar en la universidad. Pero en cambio pasa días enteros tirada en la cama, fumando y mirando el techo. Le dice al psiquiatra que no siente ganas de nada. Y no miente.

La historia que cuenta la película es breve en tiempo de pantalla, pero cubre una larga estancia en el hospital. Susanna llega al hospital Claymore después de tragarse aspirinas con vodka. Ella misma lo llama un «intento a medias». No estaba segura de querer morirse. Tampoco de querer seguir viviendo. Fue más un impulso revuelto que un plan armado.

Allí conoce a otras chicas. Lisa es la que manda, la que dice lo que nadie se atreve, la que se escapa, la que se ríe en la cara de las terapeutas. Daisy esconde pollo asado debajo de la cama y come sola. Georgina miente por todo. Polly tiene cicatrices de quemaduras en la cara. Susanna no se parece a ninguna, pero tampoco es tan distinta. Todas están ahí porque el mundo de afuera no las aguantaba de alguna forma.

Lo que la película logra mejor que cualquier libro de texto es enseñar el proceso. Una charla con la terapeuta que no va a ningún lado. Una fuga con Lisa que sale mal. La muerte de Daisy que nadie para. Poco a poco, Susanna ve que quedarse ahí para siempre no resuelve nada. Pero irse sin entender tampoco.

Rasgos del trastorno límite en Susanna Kaysen

Inestabilidad en la identidad: Susanna no sabe quién es. Copia los gestos de Lisa, luego se aleja. Dice que no siente nada, y de pronto llora sin parar. En una escena se mira al espejo y se pregunta si está ahí de verdad. No es una duda de filósofo. Es como no tener un centro, como estar armada de pedazos que no encajan.

Sensación constante de vacío: La frase que le repite al psiquiatra lo dice todo: «No siento entusiasmo por nada». No está triste todo el tiempo. Está vacía. La tristeza tiene nombre y rumbo. El vacío es un pozo sin fondo donde nada llena el hueco.

Cambios emocionales rápidos: Susanna se ríe con Lisa, pelea con ella, se distancia, regresa. En una escena está tranquila. En la siguiente se derrumba. Los cambios no vienen de cosas grandes. Salen de adentro, sin aviso, y se van igual de rápido.

Ira fuerte y dura de manejar: La ira de Susanna no estalla como la de Lisa. Es más callada. Rompe cosas chicas. Responde con ironía que corta. Guarda rencor a sus padres que firman los papeles de la internación y se van sin preguntar cómo está. La ira está ahí, pero no sabe qué hacer con ella.

Conductas suicidas repetidas: Lo de la aspirina con vodka es lo que la mete en el hospital. Pero no es lo único. Después habla de querer desaparecer, de no existir. No es un plan fijo. Es un pensamiento que regresa, como un vecino pesado que toca la puerta sin invitación.

¿Tiene Susanna trastorno límite o solo algunos rasgos?

Cinco señales claras que se repiten a lo largo de la película apuntan a una gran coincidencia con el trastorno límite de la personalidad. Susanna muestra inestabilidad en la identidad, vacío constante, cambios emocionales, ira intensa y conductas suicidas repetidas.

Lo que hace única a la película es que el diagnóstico solo no explica nada. Susanna empieza a mejorar cuando deja de encajar en lo que los demás dicen que es y busca sus propias respuestas. La escena final, donde sale del hospital con un cuaderno en la mano, no es una cura total. Es el inicio de algo.

Cinco señales claras que se repiten a lo largo de la película apuntan a una gran coincidencia con el trastorno límite de la personalidad. Eso sí, esto es solo una lectura de conductas en una historia ficticia, no un examen médico real. Esa diferencia cuenta mucho, porque ver patrones en un personaje puede ayudar a uno a entenderse mejor, pero nunca reemplaza la mirada de un profesional en una vida de verdad.

Susanna Kaysen, la confusión antes del nombre

Además de los rasgos del trastorno límite de la personalidad, Susanna tiene conductas que podrían encajar en otras cosas.

La depresión sale en su aislamiento, la falta de placer, la pereza para levantarse de la cama. Lo que pasa es que su tristeza no es fija. Desaparece cuando llega Lisa. Vuelve con el silencio.

El trastorno de estrés postraumático es otra idea que la película no toca mucho. Su relación con el profesor de inglés, un adulto con poder, no se ve como trauma. Pero el que mira nota las huellas. Susanna no confía en hombres. No confía en adultos. Espera que la engañen.

Lo más sincero de la película es que no lo resuelve todo. Susanna sale del hospital con más dudas que certezas. Pero sale escribiendo. La escritura es lo que la hace sentir viva cuando nada más tiene sentido.

El vacío que nace de adentro

Susanna lo tenía todo en lo material. Casa, comida, escuela, ropa. Pero nadie le preguntaba cómo estaba. Cuando intentó quitarse la vida, el padre pagó la internación y siguió con su rutina. La madre visitaba y se iba.

El trastorno límite de la personalidad surge de años sintiéndose invalidada, abandonada, sin que nadie ponga la mano en el hombro y pregunte de corazón qué pasa.

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Si aún no la has visto

Inocencia interrumpida está en varias plataformas de streaming. Tiene a Winona Ryder como Susanna y a Angelina Jolie en una de sus mejores actuaciones como Lisa. Vale la pena verla para entender por qué se volvió referencia para tanta gente con trastorno límite de la personalidad.

Para quien vive con trastorno límite de la personalidad, ponerle nombre a lo que no se entiende bien es un paso gigante hacia el camino correcto.

Muchas personas que van a terapia con ganas logran una estabilidad que parecía imposible antes. Con terapia seria, la mejora sale, no borra quién eres, solo cambia cómo pasas las dificultades y las haces más llevaderas.

¡FIN!

Descargo de responsabilidad: Este texto es un análisis solo para aprender del personaje ficticio Susanna Kaysen, de la película Inocencia interrumpida, basado en lo que se ve en su historia. Busca dar claridad sobre el trastorno límite de la personalidad, para que quien se identifique vea patrones, piense con calma y busque un profesional. Nada aquí es verdad absoluta, ni diagnóstico, ni examen médico, ni consejo profesional.

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